Curiosidad por defecto
Aunque mi día a día está en el backend con PHP y Laravel, mi verdadera motivación es aprender cómo funciona la máquina por debajo. Empecé peleándome con Java y Kotlin para Android, y hoy me divierto armando scripts en Python o experimentando con motores gráficos. No me caso con una sola herramienta; pruebo de todo por pura diversión.
Tolerancia cero al desorden
Si hay algo que odio encontrarme al leer código (ya sea mío o de otro) es ver componentes duplicados, responsabilidades mezcladas o el clásico comentario de // TODO: esto no funciona. Creo que si vas a escribir algo, debes hacerlo pensando en el compañero que lo va a tener que mantener mañana. La documentación y la estructura no son opcionales.
Mi proceso de debugging
Cuando algo explota o me atasco con un bug raro, mi primer paso es innegociable: me levanto y me hago un café. Esos 5 minutos de desconexión son vitales. Al volver, aíslo el problema trazando dónde empezó a fallar y monto un árbol de posibles causas. Si el reto es muy complejo, uso la IA para rebotar ideas antes de tirar líneas de código a lo loco.
Traductor entre código y cliente
Llevo un año formalmente en la industria, pero ya me toca dar la cara frente a los clientes y es algo que disfruto. Al haber tocado un poco de todo (frontend, backend, sistemas), me resulta fácil traducir lo que el cliente pide al idioma de los desarrolladores, y viceversa. Al final, todo este código que escribimos tiene que servir para solucionarle la vida a alguien.